Todo queda en el armario de los recuerdos (escrito en memoria de Miguel Alejandro, en Oct.06 a pocos dias que me abraxo por ultima vez)

El día amaneció tenue y brillante,
bajo su firmamento
las risas y los juegos,
el llanto y las tristezas,
hacen jirones a cada segundo que muere.
El sol en el cenit señala el principio de la agonía de la luz,
el ocaso dice que ya no existe esperanza para ella,
esta tiene un nuevo sentido:
la oscuridad,
esa antigua manera de temerle a la luz.
Morir no es tan fácil como parece
me dijiste cuando en mis brazos
intenté devolverte a la vida.
Nadie ni yo podía comprender
que te habíamos visto horas antes
con tu sonrisa tierna
y tu mirada infinita.
Como sea que fuere
algo o alguien llegó junto a ti
y fuiste arrebatado de la vida
de tu vida.
Te amo nunca lo olvides,
me dijiste
cuando tus ojos fijos
me miraban
y tus labios exánimes
se posaron en los mios.
Todo queda en el armario de los recuerdos
los sueños y las esperanzas,
las nostalgias y las promesas,
en el sótano al que bajaste,
y al cual aun no puedo acompañarte,
tu paso es firme y sereno,
decidido y cariñoso.
Quisiera abrazarte en mi regazo
como lo hacias en las mañanas o
tocar tu cara otra vez y
acariciar tus manos,
recordar lo suave que se sentía,
ya dejaste de pasear juntos
porque a la muerte le diste otro sentido
el de la vida en otra dimensión,
tu eres de esos muertos que nunca mueren
al menos para mi,
te adelantaste para romper la línea del horizonte
y prepararme el camino por el que de transitar.
Me encanto bailar contigo


